La “lectura de gabinete- 30 años de
gráfica” como se titula su exposición Álvaro Donoso, es la muestra con que la
Sala El Farol de la Dirección de Extensión y Comunicaciones de la Universidad
de Valparaíso cierra su ciclo de exposiciones del último año de la centuria.
Centuria donde transcurren los sesenta y cuatro años de la vida del artista.
El encuentro de Álvaro Donoso con el mundo del arte se remonta a esos lejanos años de su niñez cuando, de la mano de sus madre, llegaba al taller de cerámica de le Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar. Escuela a la que más tarde ingresaría como alumno libre de taller de dibujo de Hans Soyka, iniciando con ello una larga y continuada carrera profesional de la cual dan testimonio las obras expuestas aquí.
Quizás pueda decir sin equivocarme, que el compromiso de por vida con el arte, de Álvaro Donoso, como así mismo el de muchos de nosotros, nace en el momento en que es aceptado como alumno del famoso curso libre de Hans Soyka y pasa a formar parte, junto con Hans Scholtbach, Marco Hughes, Jorge Osorio, Sergio Estay, Erna Alfaro, Fernando Figueroa y el que escribe, del llamado grupo de los “pollos de Hans Soyka”.
Es a esta época, a la que el mismo Álvaro Donoso en sus periódicas crónicas del arte ha llamado insistentemente, la “época de oro” de la Escuela de Bellas Artes – Época en que la escuela fue dirigida por los escultores, Guillermo Mosella primero, y Ricardo Santander Batalla más tarde.
Son esos años formativos, de intensa actividad y camaradería, que van de 1958 – 1959, hasta el desbande del grupo y el regreso final a Alemania de Hans Soyka en 1965, los años que definen y marcan toda la obra posterior de Donoso.
Lo definen, en el sentido en que la influencia poderosa del gran dibujante analítico que fue Hans Soyka (más fuerte que la del pintor), complementada con la influencia muy clara del artista Lilo Salberg, (de quien Álvaro se considera también discípulo), la que viene a reafirmar su deseo natural por el orden y la claridad en su trabajo.
La actividad en el curso libre de Hans Soyka permite también el encuentro y discurso entre personalidades variadas, fuertes y complejas y es posible que Álvaro haya sentido en sus comienzos también la influencia de más de alguna de ellas.
Los modelos que Donoso elige en inicio de su desarrollo como artista durante esos años son el Picasso de la época de los Saltimbanquis y Henri de Toulouse Lautrec; su inclinación por estos artistas tiene dos orígenes. Primero, su predilección cada vez más fuerte por la gráfica, y por alguna de las temáticas de esos pintores, y luego una “liasson” romántica, desproporcionada, de nuestra escuálida bohemia de circo pobre, con la de los artistas franceses del París de fin de siglo.
Lo primero es evidente en la serie de bocetos, dibujos, algunos grabados en madera y un puñado de pinturas, que Donoso ejecuta, con temas de la hípica, y del circo.
Lo segundo de proporciona, junto con una pequeña galería de tipos para varios retratos que realiza en la época, la oportunidad para asomarse a un mundo que le hace cuestionar, aunque sea retóricamente, los valores de su formación y entorno pequeño burgués.
La vista, en 1964, del grabador Brasileño Roberto de Lamónica a la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar, es otro hito importante en la vida artística de Álvaro Donoso. El contacto con él, le permite posteriormente, viajar a Río de Janeiro, y trabajar ampliando sus conocimientos del grabado en metal, con los grabadores, Edith Behring, José Assumcao de Sousa, y el mismo De Lamónica.
Desgraciadamente su regreso a Chile al cabo de dos años, no significa una continuidad o mayor desarrollo de esta disciplina.
El trabajo en las técnicas del Intaglio y de la aguatinta de esta época, representa una suerte de recapitulación y síntesis primaria en la obra de Donoso.
El énfasis está en la mancha, la forma recortada, en una composición minimalista, en la dosificación estudiosamente controlada del color, y en la textura permitida por el medio utilizado. Los temas podría decirse que quedan circunscritos a tres: Pájaros, peces y frutos, todos reducidos a su esencia.
En la obra de Donoso, a excepción de un arranque un tanto Rococó en la serie de los Dioses Ocultos, no hay desbordes. Todo está cuidadosamente dosificado, cuidadosamente armado, incluso en el tratamiento de sus temas, donde Donoso se mueve entre lo cautelosamente insinuado, y lo cuasi explícito, entre lo irónico y lo erótico, entre lo poético y lo delirante Kitch, entre lo puramente plástico, y lo marcadamente literario, pero siempre nostálgico y cuidadoso.
A pesar de su entusiasmo por el juego de “los cadáveres exquisitos” en la obra de Donoso no hay espacio para la rebelión surrealista, o para la irreverencia dadaísta. La posición marxista de los postulados del primero y la irreverencia iconoclasta del segundo son inaceptables en el mundo de Pedro Álvaro.
El juego de “los cadáveres exquisitos y el trabajo colectivo con Hugo Rivera, Juan Luis Martínez y Lilo Salberg a principios de la década del setenta, marca la producción de Donoso en esos años, caracterizada por el usos del collage como modo de expresión.
Sus lecturas de esa época – Lewis Carroll, Juan Emar, Vicente Huidobro, Lovecraft y los autores de ciencia ficción, o de anticipación, Asimov, Bradbury, Boris Vian, etc., van marcando también su producción posterior.
Esta inclinación por lo literario, se resuelve finalmente en la autoría de varios cuentos y en la publicación periódica de crónicas y comentarios de arte en la prensa local.
Tanto el contenido temático de la obra de Álvaro Donoso, como asimismo las técnicas de su predilección (grabado, collage, soplaje, técnicas mixtas) encuentran una síntesis en la última frase de la producción expuesta en esta sala. Las “Cartas de Valparaíso”. – Esta fase, obviamente influenciada por la obra, poco conocida en nuestra Región, de otro artista de Valparaíso.- Es una búsqueda Proustiana (la más nostálgica de su producción) poética – literaria de la iconografía porteña. Y no podía ser de otra manera. La obra y la vida de Álvaro Donoso Guerrero, han estado, desde sus inicios, íntimamente ligada a esta ciudad y a su actividad.
Edgardo Catalán
Director Sala El Farol
Noviembre de 1999
* En la imagen "Los pollos de Soyka". De izquierda a derecha: Jorge Osorio, Marco Hughes, Edgardo Catalán, Álvaro Donoso y en el espejo Hans Scholtbach, en la Escuela de Bellas artes de Viña del Mar, 1962.











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